Corpulento, con carácter y humor. Gallego y andaluz a la vez; siempre fui tu favorito y no te preocupaste nunca por ocultarlo... Me cuentan que nadie te podía toser, que no te podían parar cuando te enfadabas y que te temían... Yo en cambio te quería y te echaba de menos cada vez que teníamos que mudarnos lejos... Me cuentan que después de nacer mi hermana y yo te cambió el carácter y que no volviste a ser el mismo; te convertiste en una persona más humana y menos monstruosa. El poder estar de nuevo contigo daba otro significado a mis veranos y mis navidades.
Como tu ahijado que fui, siempre me tenías algún detalle preparado para regalarme y siempre acertabas, por ínfimo que fuera ese detalle. Eras capaz de recorrer todo Cádiz conmigo hasta encontrar ese juego de "Tente" que tanto buscaba y te encantaba ver después cómo disfrutaba montando y desmontando aquellas piezas.
Sufriste en tus carnes la dureza de perder un hijo por culpa de la droga, pero pudiste ver cómo los que veníamos detrás de mi tío podíamos crecer sin desviarnos y sentirte orgulloso de la madurez de tu nieto y de lo que era capaz de hacer y dónde podía llegar.
Tus charlas interminables y tus consejos me sirvieron de mucho... No entendí tus historias sobre las "casas de muñecas" a las que ibas y tus amantes y demás "affaires" hasta que no tuve uso de razón y siempre me sorprendió la facilidad con la que me lo contabas.
Dos infartos cerebrales me separaron de ti y me avergüenzo de huir cuando más me necesitabas... Siento no haber estado más contigo y me encantaría haberte escuchado con más atención y preguntarte más cosas.
Sólo quiero que sepas que nunca te olvidaré y que seguiré queriéndote hasta que nos volvamos a ver.
Cuídate abuelo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada